De nit…*De noche…

 

Te miro dormir y te nombro.

Te miro y no salgo de mi asombro.

Qué aliento te deletrea

para que mi corazón te lea…

 

Organdí.   Jorge Drexler

 

  De nit… et miro dormir plàcidament. Foscor i silenci.

Frida dormint

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Petits moviments anuncien el teu despertar i m’estiro aprop teu. Alces el cap i els teus ullets mig tancats em miren fugaçment, intuïnt la meva presència. Dic el teu nom i el meu.

Els moviments s’amplien, subtil i lentament, fins que el teu cos arriba on és el meu. I així romanem, una vora l’altre, omplint el buit de la nit.

Et vas despertant i el teu petit cos rondina. Delicadament, el meu cos t’acull i els meus braços et bressolen, com si tractéssin d’explicar-te que la mare arribarà aviat i que mentre transcorre l’espera, gaudim d’estar en companyia. Et bressolo i la meva veu entona, suaument, “te miro dormir…”. Els nostres cors ballen en la nit.

 

“Françoise Dolto explica cómo el ruido del corazón es un significante de base pretémporo-espacial, por lo tanto fetal, (…) cuando están en los brazos y uno no puede consolarlos porque no sabe qué les aflige, llega espontáneamente a los adultos el impulso de mecer a los niños, con un ritmo pendular. Todo sucede como si algo de la vida arcaica placentaria estuviera simbolizado de alguna manera para el niño mediante ese comportamiento tan generalizado que debe tener un sentido. Los ritmos, concluye Dolto, son extremadamente importantes en la constitución del sentimiento de seguridad.”

Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza. Daniel Calmels

 
Arriba la mare i s’omple el buit. La foscor i el silenci de la nit t’embolcallen i et protegeixen.

Camino cap a casa recordant el teu son plàcid i sento que el meu cor balla amb el teu i que ambdós es fonen en la nit. Una nit que ens embolcalla i ens protegeix.
 

De nit…et miro i el cor balla.

 

mecer

 

***

 

De noche… te miro dormir plácidamente. Oscuridad y silencio.

Pequeños movimientos anuncian tu despertar y me tumbo cerca de ti.

Alzas la cabeza, tus ojitos medio cerrados me miran fugazmente, intuyendo mi presencia. Digo tu nombre y el mío.

Los movimientos se amplían, sutil y lentamente, hasta que tu cuerpo llega donde está el mío. Y así permanecemos, una cerca de la otra, llenando el vacío de la noche.

Vas despertando y tu pequeño cuerpo se queja. Delicadamente, mi cuerpo te acoge y mis brazos te mecen, como si trataran de explicarte que tu madre llegará pronto y que en la espera, disfrutemos de estar en compañía. Te mezo y mi voz entona, suavemente, “…te miro dormir…”, mientras nuestros corazones bailan en la noche.

 

“Françoise Dolto explica cómo el ruido del corazón es un significante de base pretémporo-espacial, por lo tanto fetal, (…) cuando están en los brazos y uno no puede consolarlos porque no sabe qué les aflige, llega espontáneamente a los adultos el impulso de mecer a los niños, con un ritmo pendular. Todo sucede como si algo de la vida arcaica placentaria estuviera simbolizado de alguna manera para el niño mediante ese comportamiento tan generalizado que debe tener un sentido. Los ritmos, concluye Dolto, son extremadamente importantes en la constitución del sentimiento de seguridad.”

Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza. Daniel Calmels

 

Llega tu madre y se llena el vacío. La oscuridad y el silencio de la noche te envuelven y te protegen.

Camino hacia mi casa recordando tu sueño plácido y siento que mi corazón baila con el tuyo y que ambos se funden en la noche.

Una noche que nos envuelve y nos protege.

 

De noche…te miro y el corazón baila.

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